En el proceso de enseñanza se involucran distintos factores que no solamente están relacionados con los contenidos, pues crear un ambiente propicio para el conocimiento es clave a la hora de diseñar currículos educativos.
En ese sentido, tener en cuenta estrategias como el juego permite desarrollar en los estudiantes valores y habilidades que desembocan en un mayor aprendizaje y comprensión de conceptos. Por esta razón, los expertos en psicología y pedagogía aseguran que el juego permite el desarrollo intelectual, emocional y social en el niño.
En los escenarios tradicionales de aprendizaje, el juego es considerado como una forma de "perder el tiempo" y muchos docentes lo prohiben y castigan como una práctica que no contribuye dentro de las clases. De esta manera, dejan de lado todos los beneficios que trae para el desarrollo humano y cognitivo.
No obstante, el juego es una herramienta necesaria para que los niños y adolescentes desarrollen prácticas, conceptos y una relación con el mundo construida desde su propia creatividad. En la medida en que se utiliza para aprender, posibilita excelentes resultados en la actitud comportamental y mental; los juegos son una forma de recrear la manera como el estudiante adquiere el conocimiento, permiten sentirse libre y son una terapia para descansar.
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